La pintura metafísica de Joan Thorne
    Eduardo Marceles
    Hoy

    Joan Thorne es una pintora estadounidense que ha vivido largas temporadas de su vida en el Caribe insular, de manera especial en Puerto Rico y República Dominicana, en donde suele exponer su obra con cierta regularidad.

    En su exposición actual de Nueva York, Joan Thorne exhibe una selección de su trabajo en donde encontramos sus visiones, sueños, fantasías y experiencias vitales a través de imágenes abstractas que ella cataloga de 'metafísicas' por estar inspiradas, algunas de ellas, en la 'alegoría de la caverna' de Platón. En esa reflexión filosófica, la realidad objetiva y la que se produce en la mente del observador son diferentes. La existencia del ser humano, en este sentido, es un enigma, ni siquiera la tecnología con todos sus innovadores adelantos puede explicar el milagro de la vida. Sólo así se explican los mensajes subliminales que encierran sus pinturas.

    A partir de esta premisa, Thorne diseña o inventa imágenes que más que objetos o figuras reales son sensaciones que pueden asociarse con los cuatro elementos básicos: aire, tierra, fuego y agua. En ellas busca la esencia que se manifiesta de manera intangible a través de grandes planos de un color denso, enfático, puro o matizado, que ilumina con la intensa luz del trópico antillano. La yuxtaposición de esos colores imprimen una dinámica que se traduce en símbolos que aluden a la naturaleza, a la fauna o la arquitectura en algunas figuras geométricas. Tal es el caso de "Cimbra" donde una torre amarilla flota en un cielo violeta con un sol rojo y refulgente como una bola de fuego que gira envuelta en un vigoroso torbellino, o en su pintura "Afrodita" en la cual un mar azul índigo sirve de fondo escenográfico a una figura taurina y las murallas de una fortaleza emergen triunfantes para simbolizar la deidad mitológica.

    Las texturas rizadas, sinuosas, así como los trazos irregulares de vibrantes ondulaciones, tienen un eco musical más afín con la salsa que con una sonata clásica. Son composiciones intuitivas que exhalan una resonancia de tambores o trompetas, quizás también de jazz o de merengue. Sus estudios de danza se intuyen en una coreografía posmoderna de formas en donde el protagonista no es la armonía sino los sonidos y movimientos disonantes que se alteran y se entrecruzan de acuerdo al estado de ánimo del observador. Sin duda, tiene su obra el aliento cálido de metáforas poéticas y las alegorías dramáticas de un argumento visual sin ambigüedades, síntesis inteligente de emociones, ideas y sentimientos.