La exposición se presenta en Casa de Bastidas
Listin Diario, Febrero 1, 1998, Santo Domingo, Dominican Republic
Lamentamos no recibir con regularidad exposiciones de artistas, norteamericanos, aunque, en los últimos años, la situación de los intercambios ha mejorado ligeramente: hemos aprovechado algunas muestras colectivas significativas y talleres. La retrospectiva de Joan Thorne, en la Casa de Bastidas, auspiciada por el Voluntariado de las Casas Reales, nos trae un conjunto pictórico impactante. Cuando la abstracción ha recobrado cierta vigencia en Santo Domingo, pero con frecuente inseguridad y un "tachismo" algo fácil, conviene que los jóvenes en particular contemplen la fuerza, la pasión y el compromiso de una artista newyorkina que lleva 25 años investigando y evolucionando, con el mismo impetu.
Ahora bien, al hablar de Joan Thorne, debemos mencionar la República Dominicana y Jarabacoa. Ella no es una advenidiza. Es más, afirmariamos que, al igual que varios buenos artistas del exterior, esa gran viajera se ha enamorado de nuestro país, teniendo como punto de partida una residencia en Altos de Chavón. Notamos su "frenesi" dominicanista, por su presencia en colectivas de cuatro centros artísticos de la capital en 1996, una individual en Jarabacoa en 1997, y esta de Casa de Bastidas, pronto en el Palacio Consistorial de Santiago.
Jarabacoa... palabra ancestral y mágica, asentamiento de artistas que han encontrado alli la paz y la inspiración en un marco encantador. Se ha ido estableciendo una colonia de creadores visuales, estimulados por el medio ambiente, fervorosos de la ecología, en comunicación con la naturaleza. Entre ellos, está Joan Thorne que ha establecido un taller en esa zona privilegiada, que necesita su paisaje, por ser tema a la vez presente y escondido en sus obras.
Sin embargo, sobre todo en la etapa actual, no cabria diagnosticar una correlación entre el entorno tropical y las telas. En nuestra opinión, si ha pintado parte de su última producción en Jarabacoa, más que un influjo directo leeriamos una quietud interior propicia para la creación. A lo más, podriamos ver en las estructuras fuertes, vastas y simples de la obra reciente, cuyos espacios y superficies continúan más allá de los límites del lienzo... en nuestra imaginación, cómo repercute en el lenguaje pictórico la majestousidad de las tierras montañosas.
Pues, para quienes tienden a buscar en cualquier artista una identidad ligada a sus origenes - un hábito frecuente entre los criticos -, encontramos en Joan Thorne una relación directa con la pintura norteamericana y su evolución moderna especifica. La expositora de Casa de Bastidas, desde su período de los 70, se adhiere a la abstracción, a un distanciamiento espontáneo de los mundos figurativos y la transmutación de lo real. Ella ha adoptado el expresionismo abstracto, como algo muy suyo y una corriente que corresponde a una propuesta sobresaliente en la plástica estadounidense, desde Gorky y Baziotes hasta De Kooning y Kline. Arte de ruptura y de enlace.
Interpretaríamos esas formulaciones sucesivas como una verdadera iconografia abstracta que elabora sus signos y simbolos independientes. Esos diseños en movimiento permanente, que constan de formas, ritmosÁ colores, son un universo... NO es surrealista, no se eslabona con nada real observable que ha trastocado, sino que construye sus leyes, estrategias y mecanismos, en base a la investigación, la experiencia y una vasta cultura.
Consideramos importante, para el valor ejemplarizante que hemos mencionado, el aspecto evolutivo y la riqueza de formulaciones en la trayectoria de Joan Thorne. Los Peligros de la abstracción, para quienes no la dominan culturalmente, es la vacuidad, la reiteración y la pobreza técnica. Al contrario, observamos aquí una intensidad pasional, una capacidad de cambio y un manejo impresionante del proceso.
La pintora nunca se ha dejado tentar por el acrílco, sino que ha "labrado", en sentido propio, la pintura de aceite, llegando a crear un relieve, una piel, una corteza, surcando el óleo, abriendo canales, trazando señas, en su primer gran período a mediados de los 70. Sin ser un "color-fleld" ya que la linea interviene mucho, la tela se cubre se carga de materia, de tonos complejos.
Luego, tal vez recordando la alegria Interior de Matisse, la abstración de Joan Thorne serpentea, se electriza, se ilumina, y se abre el periodo triunfal de los 80, nuestro preferido. Es un canto a la vida y al color como lenguaje. El movimiento to y el cromatismo reinan. Ahora bien, no hay dogmatismo: ni el action-painting ni el hard-edge imponen sus directrices. Joan Thorne absorbe diferentes discursos para expresar su lirismo, e irlo modificando, mientras ella va acumulando vivencias. Ella teje organismos cuyas redes laten, vibran, saltan, con un dinamismo... siempre equilibrado. Sabe organizar la asimetría... La confusión, que un momento la amenazó en su obra temprana, se alejo para slempre.
Si bien es cierto que esta artista, verdaderamente comprometida con la abstracción, no transfiere a la tela los escenarios que la rodean y los paisajes que ella contempla, sin embargo, inciden en su creación. Inducimos que las formas, los colores, las texturas de sus cuadros surgen de las impresiones cerebrales que la realidad ha dejado marcadas. Esas estructuras amplias y aplanadas, pero que "viven" recorridas por ondulaciones y atmósferas, dan la sensación de una pausa, de una reflexión, de un sosiego. Flotan entre la biografía y la biologla Intelectuales. En nuestro opinión. el presente proceso de busqueda no ha concluido.
Practicamente todos los formatos de Joan Thorno son grandes, pero su monumentalidad no choca con la receptividad perceptiva, y £u escala no agobia. Es una virtud más de una clase de pintura que casi no tenemos la oportunidad de mirar en Santo Domingo.